El Valencia de Emery se pareció mucho más a lo que esperamos los aficionados de lo que hasta ahora lo había hecho. Si bien es cierto que comenzó el partido con las mismas dudas que arrastraba de partidos anteriores, también lo es que dichas dudas se disiparon durante el transcurso del mismo y acabaron por transformarse en una fiesta que pocos habían previsto. El Valencia se sobrepuso a la desgracia de un autogol que no respondía a los méritos de un Deportivo, que como ya comenté el sabado, tiene una falta alarmante de talento. Tras el empate, la remontada y con ella el desmelene en ataque.
No recuerdo cuando fue la última vez que el Valencia ofreció un juego atacante, una asfixia del medio campo rival y una solvencia defensiva tan contundente. Ayer el equipo se despojó de todos los fantasmas del pasado y disfrutó de lo que todos amamos, del buen fútbol.
La figura del deshauciado por muchos, David Albelda emergió en el centro del campo como hacía tiempo que no veíamos. A su lado, Fernándes se crecía y comenzaba a mostrar cualidades que hasta ahora se le intuían, pero poco más. Atrás, las dificultades que presentaba el Depor no eran muchas, el buen trabajo de Albelda evitó que la tarde fuese muy compicada, por lo que la defensa vivió tranquila. Los dos goles del Depor no reflejan sus méritos atacantes (un autogol y un gol casi en el descuento por una confusión de Alexis que creyó que se había indicado una falta cuando no fue así).
Pero el desparrame de talento se concentró una vez más en la pareja letal de esta liga, Mata y Villa. El burgalés y el asturiano son la auténtica sensación del campeonato (Del Bosque ya puede ir haciendole un hueco a Mata porque está llamando a gritos a la selección), combinan, desbordan, generan espacios, se buscan y se encuentran continuamente y culminan sus jugadas con la esencia del fútbol, el gol.
En apenas 5 jornadas de liga son ya 9 los goles que acumulan entre ambos jugadores, pero hay más aún, ayer Mata marcó un gol y los otros tres tantos nacieron de sendas asistencias del pequeño burgalés. Sin duda son la pareja más envidiada de la primera división.
Otro que ya dio muestras de mejoría en Malaga y que ayer la confirmó, es Joaquín. El andaluz estuvo incisivo, fue constante en su empeño, buscó el desborde por banda y las internadas por el pico del área, metió balones a la olla cuando y como le vino en gana y culminó la faena con un gol que pudieron ser dos si no hubiese fallado un lanzamiento que salió lamiendo el palo cuando Aranzubia ya estaba batido.
En conclusión, el Valencia ayer demostró lo que todos intuíamos desde hace mucho tiempo, que calidad hay suficiente para ganar jugando a fútbol, motivo por el que desde aquí seguiremos exigiendo a Unai Emery que salga a ganar los partidos, tanto en Mestalla como léjos de casa.
Toca disfrutar de liderato y esperar otro festival de fútbol ante el Marítimo que siga dando confianza al grupo. La asignatura de Mestalla parece que la están aprobando hasta el momento, falta ver esa convicción léjos de Mestalla, en donde el equipo se ha mostrado mucho más titubeante. El próximo domingo tendrán una buena ocasión para demostrar que también a domicilio saben morder.
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