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Mestalla no basta para jugar la champions


Ganar a domicilio es la gran asignatura pendiente de Pellegrino
La liga entra en una fase importante en la que comienzan a definirse quienes van a optar a los puestos de arriba. Si, parece pronto para hablar de ello, pero tras el tropiezo del Valencia en Pucela, parece que, de no cambiar radicalmente las cosas, el Valencia solo podrá luchar por el cuarto puesto. Y estamos en noviembre. 

El mal arranque de temporada, unido a la racha espectacular de los de Simeone, ha propiciado una situación que nadie podía imaginar en el mes de agosto. Transcurridas 11 jornadas, el Valencia está situado en la novena posición de la tabla, a 16 puntos del FCB, a 14 del At. de Madrid y a ocho del R. Madrid. 

La cuarta posición, que da derecho a disputar la previa de la champions, la ocupa el Betis, que suma cuatro puntos más que los de Pellegrino. Ese es el objetivo real a día de hoy. 

Tras las victorias ante el At. de Madrid y Bate Borisov, ambas en Mestalla, parecía que el equipo entraba en una dinámica distinta y que la interminable racha de fracasos a domicilio acabaría en Pucela, ante los de Djuckic. Pero el empate logrado, más allá de la horrenda actuación de Velasco Carballo, sitúa al equipo en una posición que cuanto menos se puede calificar de incómoda. 

Nadie quiere mirar hacia abajo, pero lo cierto es que el cuarto puesto está a cuatro puntos y el descenso a cinco, es decir, el equipo valencianista está en tierra de nadie y si a partir de ahora comienzan a escalar puestos o no dependerá mucho de su capacidad de obtener varias victorias lejos de Mestalla. 

El Valencia ha obtenido un 45% de los puntos que se han puesto en juego hasta el momento, un dato que evidencia el exiguo rendimiento exhibido hasta el momento, con tan solo dos puntos obtenidos a domicilio y sin conocer la victoria a domicilio desde el pasado mes de marzo. 

La situación es grave, y la preocupación en el club es máxima. El equipo tiene que remontar posiciones y asegurarse la champions, de lo contrario el desastre económico puede llevar al club directo al precipicio. Mientras tanto, Braulio sondea el mercado de invierno para parchear los errores del verano. Mucho tendrá que acertar en sus fichajes para darle otro aire a un equipo que a día de hoy no llega al suficiente. 

La buena noticia es que antes de que llegue el mencionado  periodo de fichajes invernal, dos jugadores de importantes pueden incorporarse al grupo y dar un plus de velocidad y calidad al equipo, estoy hablando de Pablo Piatti, que está en la fase final de su recuperación y Canales, que quiere tomarse las cosas con la precaución que requiere una lesión tan grave como la que sufrió, y más aún siendo reincidente, pero que puede tener sus primeros minutos antes de que se consuma el 2012. 

Preocupación máxima en el club


En los despachos del Valencia CF hay preocupación. Son muchos los frentes abiertos que el club debe resolver con celeridad y a los que ni Llorente, ni Braulio, son capaces de dar salida de forma certera.

Desde hace algunos años la venta  de los  jugadores franquicia   ha sido la única fórmula encontrada por los dirigentes para reducir la deuda heredada del periodo de presidencia de Juan Soler.

Durante el mandato de Manuel Llorente se han traspasado jugadores por valor de 120 millones de euros y dicha política de venta de estrellas, criticada por muchos, ha sido respaldada por otros justificando que el equipo seguía manteniendo el nivel deportivo porque continuaba clasificándose para la champions league.

Pero no es así, tras esta política de ventas se esconden varias falacias:

- La primera de ellas se esconde tras el propio argumento base, es decir, se vende para pagar deuda. Pues bien, como he mencionado al principio, se han ingresado 120 millones de euros por la venta de las estrellas del equipo, pero durante el mismo periodo de tiempo, el club ha invertido 80 millones en la incorporación de nuevos jugadores. Es decir, el saldo positivo asciende a 40 millones aproximadamente  o lo que es lo mismo,  el traspaso de David Villa al Fc Barcelona.

- La segunda de las falacias hace referencia al nivel deportivo. No es cierto que se haya mantenido elniel. El equipo se ha ido debilitando con el paso de los años y ha sido cada vez más irregular y vulnerable. La crisis de juego de los rivales (Villarreal, At. Madrid, Sevilla) ha maquillado esta pérdida de calidad pero si analizamos los resultados, el VCF de los últimos tres años ganaba a 9 equipos en casa y a domicilio y con el resto apenas algun empate. Es decir, solo a los de mitad de la tabla hacia abajo era capaz de derrotar. Se estaba perdiendo el nivel.

- Tercera falacia: Braulio ficha bien a coste cero. El hecho de que hayan llegado algunos jugadores con contrato terminado no quiere decir que el VCF haya fichado bueno, bonito y barato, tal y como se nos quiere vender. Son muchos los fichajes que han fracasado en el club desde la llegada de Braulio y el equipo, además de falto de calidad está descompensado.
Braulio es incapaz de fichar a las primeras opciones y acaba trayendo jugadores que no  le convencen y que al poco tiempo necesitan ser reforzados por otro jugador de un nivel y precio similar. En consecuencia, el Valencia gasta en ocho jugadores para cubrir cuatro posiciones lo que debería gastar en cuatro jugadores de primer nivel y, a pesar de tener los puestos duplicados, no consigue tener ningún puesto bien cubierto.

Mercado de invierno
Siempre se ha dicho que el mercado de invierno está para solucionar los errores del verano. Pues bien, el VCF pretende fichar a tres jugadores y lo más curioso es descubrir las posiciones que quiere reforzar.

1- Un lateral izquierdo: Se regaló a Jordi Alba por 14 millones, se fichó a Cissokhó por cinco porque no se quisieron gastar 8 en Siqueira, pero apenas tres meses después se tiene que invertir de nuevo en la misma posición porque Aly no convence y Mathieu está lesionado.

2- Se marchó Pablo y no se quiso cubrir su baja. Ahora se marcha Feghouli a la Copa de Africa y la banda derecha queda huérfana. Piatti no convence (en enero ya estará recuperado de su lesión). Guardado, Viera, Bernat son jugadores que sufren en banda derecha, por tanto, hay que cubrir el hueco de Pablo. Se le dejó marchar por cinco millones. Estaremos atentos a cuanto cuesta suplir su marcha.

3- Se fichó a Gago, pero se pretendía fichar a un centrocampista defensivo puro porque así podría cubrir, en caso de necesidad, la salida de De Albert que tampoco se quiso cubrir. Gago no da para jugar de central y tampoco es un seis nato. Hace falta un sustituto natural de Albelda, el enésimo. Veremos cuanto se invierte en un puesto en el que en agosto se invirtieron seis millones de euros.


Como se puede ver la secretaría técnica no funciona como nos quieren hacer creer y se cometen más errores que aciertos. La salida del club de Isco y Jordi Alba fueron dos errores que el Valencianismo pagará caro durante muchos años. En un equipo en el que se acoge con los brazos abiertos a jugadores como Fernandes, chori & cia., los Paco Alcacer, Isco, Bernat ven como no se confía en sus facultades.  Todo ello por no hablar de la cifra escandalosa de porteros que el VCF ha fichado en los últimos años o de la extraña venta de Aduriz para fichar posteriormente a Ahedo Valdez por otros 5 millones de euros.

Los números no cuadran, no quedan estrellas que vender, el equipo no obtiene los resultados esperados y la grada está cada vez más vacía y más fría. Llorente y Braulio no están sabiendo resolver los problemas financieros y además están creando problemas deportivos nuevos. El equipo se reforzará a base de cesiones al tiempo que tiene jugadores cedidos en otros clubs. 92 años de historia para acabar pidiendo tres jugadores cedidos en el mes de enero y para qué, para que, en caso de que cuajen se vayan a triunfar a otros clubs.



Valencia CF: Un fin de ciclo muy extraño


Llorente escucha las explicaciones de Unai



La crisis de juego y resultados en que anda inmerso el Valencia no ha dejado indiferente a nadie. La afición ya ha mostrado su descontento con varias pañoladas, e incluso, en el último partido de liga se pudieron oír algunos cánticos pidiendo la dimisión del entrenador. Pero la grada más que mirar a Unai, mira a Llorente y éste, consciente de lo que hay en juego, no ha dudado en descender del reino de los cielos para reprender a los futbolistas.

En realidad esto no es nada nuevo. Desde que llegó a la presidencia del club, Manuel Llorente ha bajado a los vestuarios cuando lo ha creído conveniente. En unas ocasiones lo ha hecho para reforzar la figura del entrenador ante un vestuario tendente a la relajación y al despiste; en otras, como en ésta última, para desautorizar al mister y pedirles a los jugadores que hagan lo que tengan que hacer para que el equipo acabe tercero y salve la temporada y la economía del club.

Mientras tanto, Unai sigue dando lecciones al aficionado y palmaditas a unos jugadores que, con el bajo nivel de exigencia de su entrenador, siempre cree que el equipo lo ha dado todo, se pueden permitir jugar a medio gas y ver como todas las culpas recaen en la figura de su paternalista entrenador.

Unai da ruedas de prensa esquizofrénicas, casi tanto como lo es el juego que el equipo despliega. últimamente se ve al vasco cansado, pero antes de arrojar la toalla quiere dejar clara cual es su posición. Unai siempre ha pensado que su trabajo era perfecto, que los batacazos que sufre el equipo se deben a rachas de mala fortuna y nunca a defectos tácticos. Vive los partidos en la banda del mismo modo que realiza sus ruedas de prensa, con una intensidad exagerada, dirigiendo cada acción hasta el punto de conseguir que más de un jugador acabe por bloquearse. No existe la libertad de decisión para ningún jugador, y así, la saturación deriva en anarquía sobre el terreno de juego.

Unai se va, lleva semanas despidiéndose. Y a estas alturas del partido ni Braulio ni Llorente van a mover ni un solo dedo para que suceda lo contrario. Llorente ya ha hablado con algún que otro entrenador y el de Hondarribia este año no irá a casa del presidente, como lo hizo el pasado año, a ofrecerle sus servicios un año más.

Cuando quedan nueve jornadas para concluir la liga, el equipo ha desperdiciado el colchón de puntos que le aseguraban el premio de la champions de forma directa y se ha dejado cazar por equipos como el Málaga, Levante y Osasuna; todos ellos con una plantilla muy inferior a la que gestiona Unai.

Sin embargo, como todo en la era Unai, esta ola de pesimismo es equizofrénica en si misma. Es cierto que el equipo no juega  a nada, que cualquier rival le remonta, que no hay espíritu de equipo, ni esquema, ni síntomas de que lo vaya a haber. El proyecto está terminado. Pero como digo, la locura es tal que este Valencia tan desastroso es el mejor equipo de los que quedan vivos en la Europa league y además, puede acabar jugando la champions de forma directa. De conseguir ambas cosas, los números hablarían de una temporada magnífica, pero la realidad es muy distinta, y eso lo saben quienes partido tras partido se sientan en las gradas del viejo Mestalla.

Los demás, esos que dicen no entender las críticas al equipo y al entrenador, esos viven muy lejos de aquí y además no quieren que nada cambie a mejor. Les gusta el actual estatus con Barça y Real monopolizando las competiciones y no tienen interés alguno en que entre un tercero en discordia, y mucho menos que ese sea el Valencia. Por eso, a los que al tiempo que dicen no entender las críticas de la afición valencianista hacia su equipo y su entrenador, pasan largas jornadas criticando un empate de Barça y Real Madrid como si de una debacle mundial se tratase. A esos ni caso. Y a ver si esta desastrosa temporada acaba con un título y con el equipo en la próxima champions que, aunque algunos no lo entiendan, los que criticamos lo que no nos gusta lo hacemos porque deseamos que el club y el equipo sean cada día mejores.